viernes, 10 de enero de 2014
Rayuela, Juli0 C0rtázar {1963}
"... Quería fumar pero no iba a pedirle un cigarrillo a Gregorovius, sin saber por qué no se lo iba a pedir y tampoco a Horacio, pero sabía por qué no iba a pedírselo a Horacio... Desvalida, se le ocurrían pensamientos sublimes, citas de poemas que se apropiaba para sentirse en el corazón mismo de la alcachofa, por un lado I ain't got nobody, and nobody cares for me, que no era cierto, y al mismo tiempo algo así como Tu est là, mon amour, et je n'ai lieu qu'en toi, donde la Maga se refugiaba apretándose contra el sonido de lieu, de Tu est lá, mon amour, la blanda aceptación de la fatalidad que exigía cerrar los ojos y sentir el cuerpo como una ofrenda, algo que cualquiera podía tomar y manchar y exaltar como Ireneo, y que la música de Hines coincidiera con manchas rojas y azules que bailaban por dentro de sus párpado y se llamaban, no se sabía por qué, Volaná y Valené, suspendida como una estrella de un azul pierodellafrancesca, et je n'ai lieu qu'en toi, Volaná y Valené, Ronald no podría tocar jamás el piano como Earl Hines, en realidad Horacio y ella deberían tener ese disco y escucharlo de noche en la oscuridad, aprender a amarse con esas frases, esas largas caricias nerviosas, I ain't got nobody en la espalda, en los hombros, los dedos detrás del cuello, entrando las uñas en el pelo y retirándolas poco a poco, un torbellino final y Valené se fundía con Volaná, tu est là, mon amour and nobody cares for me, Horacio estaba ahí pero nadie se ocupaba de ella, nadie le acariciaba la cabeza, Valené y Volaná habían desaparecido y los párpados le dolían a fuerza de apretarlos, se oía hablar a Ronald y entonces olor a café, ah, olor maravilloso del café, Wong querido, Wong Wong Wong. Se enderezó, parpadeando, miró a Gregorovius que parecía como menoscabado y sucio. Alguien le alcanzó una taza."
(Rayuela, cap. 17)
jueves, 30 de mayo de 2013
Les Fleurs Du Mal {Las Fl0res del Mal}, C. Baudelaire {1857}
XXXVII
EL POSEÍDO
Velado está el cielo, con crespón. ¡Imítalo,
oh Luna de mi vida, arrópate con sombras!;
duerme, fuma, a tu gusto, sé muda, sigue oscura,
húndete por completo en la sima del tedio;
¡así te quiero! Pero si por ventura deseases,
tal un astro que de su penumbra resurge,
exhibirte en lugares propios a la Locura,
¡bien está! ¡Sal de tu vaina, hermosa daga!
¡Ilumina tus ojos con luces de arañas!
¿Enardece el deseo con miradas de gente basta!
Mórbida o petulante, sólo eres placer;
seas lo que seas, noche cerrada o alba roja;
todo mi ser tiembla, todas las
fibras gritan: ¡ay, Belzebú mío, te adoro!
XXXVII
LE POSSÉDÉ
Le soleil s'est couvert d' un crêpe. Comme lui,
Ô Lune de ma vie! emmitoufle-toi d'ombre;
Dors ou fume à ton grè; sois muette, sois sombre,
Et plonge tout entière au gouffre de l'Ennui;
Je t'aime ainsi! Pourtant, si tu veux aujord'hui,
Comme un astre éclipsé qui sort de la pénombre,
Te pavaner aux lieux que la Folie encombre,
C'est bien! Charmant poignard, jaillis de ton étui!
Allume ta prunelle à la flamme des lustres!
Allume le désir dans les regards des rustres!
Tout de toi m'est plaisir, morbide ou pétulant;
Sois ce que tu voudras, nuit noire, rouge aurore;
Il n'est pas une fibre en tout mon corps tremblant
Qui ne crie: Ô mon cher Belzébuth, je t'adore!
(Les fleurs du mal, Charles Baudelaire)
miércoles, 22 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
2# Sin Títul0 {Escritura Aut0mática}
Si parpadeo me miras. No quiero salir de este sopor. El problema es no pensar, pero al no pensar las ideas gritan porque no quieren no ser escuchadas, y les da una rabieta y te atacan los remordimientos, que muerden y te escupen en los dientes. Pero esto es infinito y si vamos a la playa se olvida, y los remordimientos se mueren llorando de rabia y tú lloras de alegría. El mar huele pegajoso y seco, a alegría desbordante, como magdalenas de chocolate. No intentes sacarme, no quiero volver a la realidad, por favor.
1# Sin títul0 {Escritura Aut0mática}
Las bombas de la discordia caen. Nos separamos y lloras, y el infinito nos arropa. El oxígeno se hace pesado y amarillo, y los ojos se cierran ante las puertas del Patíbulo. Te toco el cuello por detrás y te acaricio el pelo, pero tú no estás ahí, estás volando en lo profundo de las olas del oscuro y siniestro mar, y sale el Sol y las flores parpadean y la Luna se traga el horror, y al final, todo es indiferente.
jueves, 16 de mayo de 2013
El J0ven que Entraba en el Palaci0, R0bert0 Piumini {1987}
"UNA FAMOSA SINFONÍA"
Un célebre director de orquesta subió una tarde al podio y golpeó tres veces la varita sobre el atril para comenzar una famosa sinfonía. Cuando se hizo completo silencio, con el mentón hacia adelante, miró severamente a los músicos uno por uno, luego, inspiró profundamente, alzó la varita y la bajó con decisión para comenzar la famosa sinfonía.
Los arcos de los violines de pronto se tensaron y lanzaron treinta notas tan agudas que se clavaron en el techo, haciendo caer trocitos de yeso sobre la cabeza de los integrantes de la orquesta. Los platillos fueron golpeados uno contra el otro y naturalmente, se rompieron en mil pedazos con gran estrépito. Los tímpanos empezaron a sentirse mal, mientras la tuba se quería comer el pabellón del corno. El que tocaba el contrabajo se quedó sin trabajo, pues el instrumento había huido espantado por tanta confusión. Al piano le castañeteaban los dientes y la flauta dulce quedó amargada. Un tipo llamó a los bomberos a grito de corneta, mientras al monocordio se le escapaba el mono. La celesta, tan delicada ella, primero se puso colorada de vergüenza, pero después, empalideció de miedo y quedó blanca. El que tocaba el triángulo estaba calculando los lados y los ángulos internos, mientras del saxófono cayó el fono sobre los pies del músico, que dio un alarido desentonadísimo durante veinte largos segundos.
En verdad, algunos instrumentos como los clarinetes, las flautas, el fagot y el oboe se habían puesto realmente a tocar la famosa sinfonía pero, por supuesto, en aquella barahúnda su música parecía un ruido como los demás. Entonces, el célebre director, con rabia, rompió su varita en pedacitos y se fue dando un portazo, con lo cual la confusión aumentó.
La varita se había roto en cinco trocitos: "va", "r", "i", "t", "a" y como naturalmente, era una varita mágica, rápidamente volvió a quedar entera. Pero mientras se componía chocó con una "qu" que giraba en el aire -y que se había desprendido de la quena_ a la vez que se alargaba la "v", con lo cual quedó convertida en una barquita, que se puso a navegar sobre las ondas sonoras pasando por debajo del puente del violonchelo. En la armónica soplaban malos vientos y se quebró la armonía familiar: Mónica tomó las de Villadiego. Entonces "ar" no tuvo más remedio que juntarse con lo que quedaba de la quena que, como recordarán, había perdido la "qu". Formaron así, la arena, donde fue a encallar la barquita.
Al movimiento, "Coral" de la sinfonía, de pura rabia, se le reforzó la "r", con lo que se transformó en corral, con abrevadero para las vacas y todo. Allí, para estar a tono, al órgano le brotó una "e", y así se hizo el campo orégano. Toda la orquesta se puso de pie, sacudiéndose las pajas y las plumas de gallina y se fue a recoger cerezas por allí.
(El joven que entraba en el palacio, Roberto Piumini)
Un célebre director de orquesta subió una tarde al podio y golpeó tres veces la varita sobre el atril para comenzar una famosa sinfonía. Cuando se hizo completo silencio, con el mentón hacia adelante, miró severamente a los músicos uno por uno, luego, inspiró profundamente, alzó la varita y la bajó con decisión para comenzar la famosa sinfonía.
Los arcos de los violines de pronto se tensaron y lanzaron treinta notas tan agudas que se clavaron en el techo, haciendo caer trocitos de yeso sobre la cabeza de los integrantes de la orquesta. Los platillos fueron golpeados uno contra el otro y naturalmente, se rompieron en mil pedazos con gran estrépito. Los tímpanos empezaron a sentirse mal, mientras la tuba se quería comer el pabellón del corno. El que tocaba el contrabajo se quedó sin trabajo, pues el instrumento había huido espantado por tanta confusión. Al piano le castañeteaban los dientes y la flauta dulce quedó amargada. Un tipo llamó a los bomberos a grito de corneta, mientras al monocordio se le escapaba el mono. La celesta, tan delicada ella, primero se puso colorada de vergüenza, pero después, empalideció de miedo y quedó blanca. El que tocaba el triángulo estaba calculando los lados y los ángulos internos, mientras del saxófono cayó el fono sobre los pies del músico, que dio un alarido desentonadísimo durante veinte largos segundos.
En verdad, algunos instrumentos como los clarinetes, las flautas, el fagot y el oboe se habían puesto realmente a tocar la famosa sinfonía pero, por supuesto, en aquella barahúnda su música parecía un ruido como los demás. Entonces, el célebre director, con rabia, rompió su varita en pedacitos y se fue dando un portazo, con lo cual la confusión aumentó.La varita se había roto en cinco trocitos: "va", "r", "i", "t", "a" y como naturalmente, era una varita mágica, rápidamente volvió a quedar entera. Pero mientras se componía chocó con una "qu" que giraba en el aire -y que se había desprendido de la quena_ a la vez que se alargaba la "v", con lo cual quedó convertida en una barquita, que se puso a navegar sobre las ondas sonoras pasando por debajo del puente del violonchelo. En la armónica soplaban malos vientos y se quebró la armonía familiar: Mónica tomó las de Villadiego. Entonces "ar" no tuvo más remedio que juntarse con lo que quedaba de la quena que, como recordarán, había perdido la "qu". Formaron así, la arena, donde fue a encallar la barquita.
Al movimiento, "Coral" de la sinfonía, de pura rabia, se le reforzó la "r", con lo que se transformó en corral, con abrevadero para las vacas y todo. Allí, para estar a tono, al órgano le brotó una "e", y así se hizo el campo orégano. Toda la orquesta se puso de pie, sacudiéndose las pajas y las plumas de gallina y se fue a recoger cerezas por allí.
(El joven que entraba en el palacio, Roberto Piumini)
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